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“YO DE PERROS NO SÉ NADA”
Por
Luisa Valenzuela
En el último año y medio, Sara Gallardo autora de Enero, Pantalones azules, Los galgos, los galgos, Eisejuaz – ha pasado largas temporadas en Cruz Chica. Por necesidad de reclusión pero también atraída por un paisaje intenso que quizá se refleje en novelas que escribirá dentro de varios años. Todo en ella es un lento no ver para ir descubriendo interiormente, un sutil acercarse a las cosas por vías indirectas que sólo afloran en sus libros.
Los perros, por ejemplo. Allí están la pequeñísima Ginger, que según Sara quedó enana porque ella no le dio suficiente de comer. “No sé nada de perros”, aclara, y sin embargo en la premiada novela Los galgos, los galgos, los perros son el alma de la narración, el hilo conductor de la vida de los personajes. Y Sara trata de justificarse, como quien pide disculpas:
- Sí. Mis hermanos estaban sorprendidísimos cuando leyeron la novela. Me decían que yo nunca había visto a los perros en la estancia, no era posible que los pintara así. Y sin embargo...
- ¿Paseás mucho? Hay caminos muy bellos por acá, muy misteriosos. ¿Te alejás, a veces, con ganas de perderte, de descubrir nuevos lugares?
- No, casi nada. Me estuve dedicando mucho a mis hijos, a la vida doméstica. La tomo con muy buen humor, pero a veces me pesa. Sobre todo cuando estoy acá y hay que ir a La Cumbre a hacer las compras.
Lomitos en la casa de las tías
Los hijos están con ella en este fin de semana radiante. Sebastián va a cumplir sus siete años, y Paula (17) y Agustín (15) la ayudan a preparar la reunión de niños. Pero los chicos tienen todo el parque para correr, jugar a los exploradores, divertirse. En “la casa de las tías”, Sara prepara unos lomitos en la chimenea de leña, le agrega romero recién juntado de la sierra, todo se mezcla con los olores de la lavanda y un cierto, penetrante frío de esa casa generosa, abierta en arcadas, con dos alas laterales que parecen escenarios.
A Sara Gallardo le cuesta hablar de su obra:
- Estoy escribiendo poco, mucho menos de lo que quisiera. Pero sé que se ha acabado para mí el tiempo del far niente. Hay un tiempo de contemplación pero ahora le toca a la realización, y quiero apurarme. Es como si hubiera acortado mi vida. Sé que tengo mucho por hacer y quiero hacerlo rápido.
Este renacer, este querer retomar el ritmo, tiene ya un síntoma precursor. Meses atrás Sara reencontró cuentos que supuestamente había perdido; los pulió, los llevó a su editorial y en agosto aparecerán bajo el título de El País del humo.
-¿Cuentos? ¿Un nuevo camino?
- Sí y no. Siempre he escrito cuentos. Ahora esto planeando un nuevo libro a partir de un cuento titulado El solitario, inspirado en Héctor Murena. Quiero buscar un estilo más fluido, más flexible, apropiado para contar cosas muy sutiles. Quiero hacer los retratos de los artistas poco conocidos, la vida de esos poetas solitarios, apagados, que trabajan en las redacciones de los diarios.
Y Sebastián, que corre, va y viene, también tiene que terciar al lado de su madre:
-Contále de la novela que a mí me gusta...
- Es sólo una idea que le conté a él: la historia de un chico que descubre una isla que navega por el Paraná, una isla que quiere llegar al mar...
En la montaña que encierra algo de sagrado, las cosas no tienen por qué ser poco auspiciosas, sobre todo para Sara Gallardo, que siempre tuvo un profundo espíritu religioso. “Casi monástico”, diría ella refiriéndose a las casas que habita, austeras y vastas. Pero la cosa no es tan monástica como parece. En El Paraíso la vida social es activa cuando el dueño de casa no anda por Europa, como en estos momentos. Entonces todas las tardes se llega Manucho hasta la casita alta a charlar con Sara, o caen visitas de sorpresa como pueden ser Leda Valladares o la escritora Susana Tasca. También están los amigos del elenco estable, los que han elegido Cruz Chica para radicarse: la pintora Luz Reynal, Juan Carlos Assis, discípulo de Krishna Murti, la diseñadora de modas Susy Withrington, la actriz Laura Sañez.
La Cumbre School
Y está lo otro: Sara Gallardo convertida ahora en maestra:
- Porque La Cumbre School, que se ha fundado hace poco, es una escuelita diferente. Queremos que los chicos amen el estudio, hagan las cosas con ganas. Yo les enseño literatura, pero sobre todo a querer a los libros, a entenderlos. Y trato en lo posible de despertarles la imaginación. Por eso me divierte tanto enseñarles. Los llevo al jardín y todos lo pasamos muy bien.
También los adultos reclamaron su cuota de aprendizaje. Por eso empezó Sara unos cursos sobre literatura argentina, los miércoles por la tarde, que a veces se le hacen muy cuesta arriba por su propia necesidad de aprender lo que enseña, pero poco a poco van integrándose en una cohesión de grupo, un verdadero trabajo colectivo.
La otra vocación más doméstica la reclama, sin embargo. Hay que preparar la fiesta de cumpleaños de Sebastián. Yo decido dejarla en paz y me largo a caminar por las sierras. Dejo atrás El Paraíso sabiendo que es sólo un nombre y que todo lo que nos rodea, cada hoja, cada piedra, puede ser por esa zona del mundo una muestra más del paraíso. Y camino tratando de no pensar en la escisión de vocaciones, en esa a veces necesidad de acallarlas para cumplir con la vida de todos los días. Hasta que de golpe me topo con el mojón de entrada a otra finca y grabado en la madera dice Los galgos y entonces sé que no es cierto, que no hay separación entre la vida y la literatura, que Sara Gallardo allí en la sierra ocupándose de sus hijos también está escribiendo, por dentro.
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