FORMAS IMPURAS
Por Hernán Tejerina

La literatura argentina no ha dado aún el texto totalizador que cifre y clausure la última dictadura militar. Sin embargo, los textos totalizadores acaso sean otra forma de espejismo, cabe recordar el modo incesante e infructuoso en que la literatura estadounidense busca la "gran novela americana". Hasta tanto no se arribe a esa forma ideal -y bien podría ser que no se arribe nunca- existen
formas impuras, aproximaciones certeras.
Respiración Artificial , de Ricardo Piglia; Dos Veces Junio , de Martín Kohan y Detrás del Vidrio , de Sergio Schmucler; constituyen lúcidas aproximaciones a una zona de nuestra historia pródiga en refutar intentos ficcionales. Fe de Rata compartió una larga charla con Sergio Schmucler, escritor, guionista, ex
montonero, hermano de un desaparecido y reciente habitante de Córdoba tras 27 años de exilio en México. Detrás del Vidrio es su primer novela.


"El proceso de escritura de Detrás del Vidrio , tiene que ver con una especie de arqueología hacia el interior del chico que estaba viviendo dentro mío. Es el Sergio grande que recupera al Sergio adolescente y construye con él un personaje.
Por eso es ficción, porque construí un personaje con mis propios recuerdos de la época y con los testimonios y textos que me aparecían. Por suerte había guardado las cartas de mi primera época en el exilio. Y esa correspondencia junto a las cosas que uno va escribiendo a lo largo de la vida, cobran un nuevo sentido a partir de ciertas necesidades que se vuelven urgentes, vitales. Ese momento de urgencia, para mí, se dio 25 años después de haber iniciado el proceso del exilio y el desarraigo. Allí surge la necesidad profunda de construir de manera narrativa esa experiencia. Quizás, y en ese sentido, se podría decir que es una novela testimonial. El proceso de escritura en sí fue el mismo que sufren y
disfrutan todos los escritores, fue el sentarse y volverse loco con el papel y la pluma. Fue trabajar y trabajar y trabajar. Retomar, repensar, dejar un tiempo, volver a retomar, hacer un tratamiento, dárselo a un grupo de gente, escuchar comentarios hasta que uno considera que de algún modo el tema está “cerrado".
-¿El libro hubiera sido posible de no haber vuelto nunca a Córdoba?
-No, creo que no. Creo que lo hubiera construido desde otro lugar mental. Seguramente hubiera estado teñido de nostalgia y no de esa cosa que es casi catárquica, expiatoria, y a su vez violenta. Creo que me permito la violencia en la medida en que me vuelvo a sentir de Córdoba.
-¿Crees que en el fondo toda literatura es asistémica?
-Pienso que sí. Toda literatura responde a ciertos modelos que se van implantando. Yo no sería el escritor que soy sino hubiese leído los libros que leí, si no hubiesen pasado por mis manos Andrés Rivera, Borges, Cortázar, y por lo tanto soy parte de un conglomerado de pulsiones culturales. En ese
sentido, toda literatura pertenece a una cultura; sin embargo, toda literatura cuando llega a ciertos abismos del alma del escritor, y por lo tanto del lector, es asistémica. Un sistema totalitario no soporta una buena literatura. No es posible. No hay posibilidad de entramar una ideología como el neoliberalismo
cuyo eje central es el mercado con esa utopía totalizadora, eficaz y constructora de la realidad que es la literatura.

EL EXILIO COMO CONDICIÓN

-La contratapa del libro dice: "La más profunda de todas las heridas es la herida de la memoria"; ¿vos ya cerraste esa herida?
-No, no, las heridas cuando son heridas no cierran nunca. No cierran por más cirugía plástica que uno se pueda aplicar. Uno es sus heridas, para mí el exilio es un estado del alma. A pesar de que ahora estoy hace algunos meses viviendo, espero que "para siempre” en Córdoba, y a esto lo pongo entre comillas
porque uno nunca sabe, yo sigo siendo un exiliado. Yo estoy acá pero también estoy allá. Tengo 27 años de no haber estado acá. Y ahora empiezo a tener tiempo de no estar allá. También México es mi tierra. Digamos, se abre un espacio de ausencia que se vuelve permanente, un espacio con el que uno puede convivir como con cualquier gran herida. Pero que implica, también, que uno deje de ser el que era. Lo del exilio te marca, te constituye. Se vuelve uno un exiliado.
-Andrés Rivera dice que él es un exiliado pero por las condiciones en que está el país o a partir de ellas...
-Sí.... está bien, creo que Andrés Rivera es un gran escritor, uno de los que más leo pero me parece que no, que no es lo mismo. Yo creo que el desarraigo, el destierro, es otra cosa. Con esto no quiero para nada hablar ni reanimar la vieja disputa sobre el exilio interior o exterior. No, las pelotas. Hay una
sensación anímica que yo comparto con aquel que no está, que no ha estado durante una enorme cantidad de tiempo en el país. Yo lo reconozco... (duda, busca una palabra) mirá... yo soy judío y en algo, con un judío mexicano, con un judío parisino, me encuentro. En algún nivel me doy cuenta de que los dos somos judíos. Esto, a pesar de que él pueda ser sionista y yo no, por supuesto, yo vendría a ser algo así como 'palestinista'. Sin embargo, hay algo donde uno se reconoce por alguna cosa cultural, histórica... Bueno, con un argentino que ha sufrido el destierro también me reconozco y no es lo mismo que aquel que lo vivió acá. No es lo mismo, el exilio tiene que ver con la distancia física entre uno y sus geografías natural y espiritual.

MONTONEROS

"Yo estudiaba en el Deán Funes y mi militancia era casi una naturalidad. Era continuar la experiencia de mi padre, la experiencia que mamé. Lo más lógico es que tendría que haberme vuelto militante comunista o, por lo menos, comunista crítico. Pero en esos momentos el viento montonero nos arrastró a mi hermano y a mí, y la UES (Unión de Estudiantes Secundarios) era una estructura que pretendía darle continuidad al proyecto político de Montoneros. Yo tenía 13 años cuando ingresé en la UES y esa agrupación político estudiantil implicó, también, una experiencia afectiva de gran intensidad. Eso es lo que he intentado mostrar en el libro, el vínculo sentimental y la dinámica de un movimiento que en ese
momento hizo de uno un sujeto colectivo embarcado en un cambio radical del mundo. Para mí eso fueron los Montoneros y, en un sentido, toda aquella época. Ahora, claro, aquello también fue López Rega, la Triple A, y la sensación del miedo, la impotencia, la angustia. Nosotros, los más chicos, estábamos seguros que era cierto eso de que López Rega tenía medio embrujado a un general maravilloso, bueno... después con los años, yo, en lo personal, fui pensando otras cosas.
Perón dejó de ser ese general bueno y maravilloso para ser, en algunos casos, un hijo de puta y en otros casos un verdadero líder de masas, en fin..."
-Qué sentís cuando sabés que por estas mismas calles por las que transitás caminan los que mataron a tu hermano?
-En general, y te lo digo despacito para que no escuche nadie, un deseo de venganza tremendo. Me dan muchas ganas de vengarme ... a su vez se me vuelve el espacio de literatura que quiero escribir, ¿cómo es posible que en el único lugar del mundo donde me siento muy bien sea en esta ciudad, a cuatro
cuadras de la casa de Menéndez? Vivo a cuatro cuadras de la casa de Menéndez. No es que
todos los días me acuerde de eso, ahora que hablo con vos me acuerdo y digo “sí, no sé, son las paradojas de haber sido argentino, cordobés y haber vivido esaépoca”. ¿Qué se siente? Eso. Pero a la vez, están los represores viviendo aquí pero también están los compañeros muertos y los que sobrevivieron. Y ahí están y nos vemos y comemos un asado y nos acordamos y reflexionamos y bueno,
también ahí esta Menéndez, qué se yo...

LA REVOLUCION

-En una de sus cartas el Che dice que en una revolución, cuando es verdadera, se triunfa o se muere; las bases que formaban Montoneros me imagino que esperaban un final más digno para la cúpula de la organización, ya que no el triunfo, a lo mejor un suicidio...
-No, no... porque el Che tampoco imaginaba el suicidio como la conclusión de su frase. Justamente, lo interesante es que nosotros manejamos esa frase sin el ...”si es verdadera". Nosotros decíamos: "en una revolución se triunfa o se muere" y nos olvidábamos del 'si es verdadera'. ¿Por qué él había dicho 'si es
verdadera'? Porque él sabía que había infinitos movimientos y en esa multitud de movimientos sabía perfectamente que una revolución puede ser solo la idea de revolución. Idea que no siempre es verdadera, es decir, idea que no está encaminando las fuerzas sociales necesarias para construir un poder hegemónico que concrete la revolución. Porque esa es la revolución verdadera: la que se hace, la que se concreta. Toda revolución que no se cumple no es verdadera. Es una trampa ingeniosa de ese ingenioso argentino que fue el Che. Al decir, 'si es verdadera', lo que esta diciendo es 'si es adonde yo voy a apostar mi vida'; y entonces sí, allí o se triunfa o se muere. El problema es ¿cuál es la revolución
verdadera? Insisto, la revolución es verdadera cuando triunfa, todas las otras... se ve que no eran verdaderas. Ahora, eso en relación a la frase del Che, en relación a Firmenich, a Vaca Narvaja, a Perdía, a los que eran la cabeza montonera. Los que éramos militantes pensamos cosas distintas. Hay quienes realmente tienen mucha bronca y consideran que Firmenich mandó al matadero a toda esta gente en la
contraofensiva.
En lo personal, recuerdo la frase de Lenin, 'un revolucionario debe saber guardarse para una próxima batalla' . Esto, que parece a contrapelo de lo que decía el Che, quizás en el fondo sea lo mismo. Quiero decir, no me parece que hayan actuado en términos que se los pueda estudiar desde el punto de vista
de la cobardía o la valentía. No creo que ninguno de ellos haya sido 'cobarde' o haya sido 'valiente'. Me parece peligroso situarlo ahí. No tengo ningún rencor en ese sentido, tengo otros rencores, otras broncas, otras impotencia por el pasado, quisiera estar con Firmenich, pero lo que pasa que él para hablar cobra u$s 10.000, si no, con mucho gusto iría, hablaría con él, tomaría algunos vinos para ver si se ablanda y rompe todo ese esquema. Me gustaría charlar para ver que sentía ante ciertas decisiones, cómo discutía con la gente de provincias... Yo era un militante cordobés que respondía a una estructura cordobesa, pero 'el poder' dentro de Montoneros estaba en Buenos Aires... En fin, no tengo armado un
juicio de valor, no pienso que haya mandado al matadero a nadie y no estoy del todo convencido que haya sido un traidor que negoció con Massera. Creo que este tipo de razonamientos encuadra dentro de la teoría de los dos demonios, y esa teoría a mí me parece una cagada. Yo apuesto a seguir reflexionando, pero no sobre qué hizo o no el jefe este o aquel, no pasa por allí la discusión, no
sirve para nada, ni siquiera espiritualmente a mi me sirve decir '¡Uy, como nos traicionó!' No, yo no me siento traicionado, creo que fuimos todos parte de un viento histórico y político que me llena más de preguntas y perplejidades que de enojos y respuestas contundentes.
-Sin embargo, los ejemplos de traiciones, a nivel nacional y continental, son muchos: Daniel Ortega, Galimberti, Mototo... ¿qué lleva a esa gente, que 30 años atrás, luchó por una ideal de mundo y de vida, diametralmente opuesta a este, a terminar en la antípodas, en las filas mismas de los que combatieron? ¿No creés que a partir de esa realidad tiene sustento el 'mandaron a matar a miles de personas'?
-Yo insisto, no creo que nadie haya mandado a morir a miles ni a cientos ni a decenas ni a nadie. Estoy convencido de que mi hermano, que es un muerto, no murió siguiendo hipnóticamente a ningún flautista de Hamelín. Mi hermano era un tipo con una inteligencia prodigiosa, con una lucidez y con fortaleza
espiritual suficiente como para no seguir a ningún pelotudo que lo mandara a matar y creo que como mi hermano, todos los otros. De los muertos, ninguno era un pelotudo. Cuando se insiste en que los mandaron a matar, están hablando de pelotudos, y ¿vos sabés que no?, yo creo que eran tipos bárbaros. Del mismo modo que yo me considero bárbaro, no soy un infeliz por estar vivo. Lo que quiero decirte es que no éramos blancas palomitas, nosotros queríamos destruir al enemigo, estábamos haciendo una guerra. Algunos decidimos que no era el momento político, estratégico, para dar al batalla y optamos por irnos. Después, en el camino, descubrimos otra cosa que pasa por el 'así se construye la revolución', 'así se desarrolla el cambio social' o el 'hay que trabajar desde otras perspectivas' y entonces leímos a Gramsci y leímos y trabajamos y pensamos y entonces dejamos de pensar en la guerrilla como único método revolucionario. Mi hermano no pudo hacer eso, porque mi hermano y todos los otros se murieron antes. Pero en el momento en que murieron, insisto, no lo hicieron siguiendo ningún flautista de
Hamelín.
-¿Creés que Montoneros reprodujo el mismo fenómeno del peronismo en cuanto a la confluencia de diversos sectores, incluso los antagónicos?
-Y sí, eso se dio, por supuesto. Mirá, hace unos días, hablaba con un compañero de la CTA y nos preguntábamos por qué en ese momento nosotros podíamos pensar que la identidad política del peronismo era el centro desde el que teníamos que trabajar, y hoy no. Porque esa gente había tenido la última experiencia colectiva positiva de los trabajadores en la Argentina y hoy, en cambio, la experiencia
colectiva, desde el peronismo, fue negativa. Hoy, los jóvenes, no vivieron ni siquiera el recuerdo de sus padres de una experiencia colectiva positiva. Esa experiencia, pese a todas las falencias, la constituyeron los gobiernos de Perón. Eso quedó en la memoria popular y no había forma de darle vuelta. Nosotros hacíamos trabajo político en las villas, en los barrios obreros, y ¿qué veías vos en la casa de un obrero? Veías una Virgen, alguna foto, pero sobretodo, más que vírgenes y santos, estaba Evita con una vela, entonces nosotros creo que leíamos inteligentemente eso, nos decíamos 'esta es la cultura popular'. Todo aquel que piense que se puede construir una estructura de acumulación de poder
político fuera de esto, no está pensando en lo que pisa, en lo que ve. Por eso nos hicimos peronistas los que no lo éramos, porque veíamos esa intensidad cultural, esa acumulación de experiencia y de identidad política que era el peronismo. Me parece que hoy ya no lo es. Me parece que hoy uno va a una villa, y difícilmente vea la foto de Evita y si ya no está la foto de Evita quiere decir que se acabó.
Lo pienso... y por un lado, qué lástima, ¿no?.

   
23. Sara Gallardo

Puño y Letra


. Formas impuras, una entrevista a Sergio Schmucler
  Por Hernán Tejerina

. Parafernalia Pigliana IV
  Por Sebastián Pons

. Z de Zeiger, una entrevista a Claudio Zeiger
  Por Federico Falco

. "Me gusta la idea de que el libro venga con su making off", una charla con Rodrigo Fresán
  Por Eloísa Oliva

  federata.com.ar - Año 2. Nº 23 - CÓRDOBA - ARGENTINA - Diciembre de 2003.
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