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Z DE ZEIGER. Entrevista con el escritor y periodista Claudio Zeiger
Por
Federico Falco
Conocíamos a Claudio Zeiger por sus notas periodísticas en el suplemento Radar del diario Página/12 , donde trabaja hace más de 10 años. Sin embargo, a mediados de 2002 nos sorprendió con una novela, Tres deseos . No era su primer texto literario, en 1999 y en ediciones V de Vian había aparecido su novela Nombre de Guerra , reeditada ahora en una editorial de mayor difusión. Nacido en 1964, Zeiger perteneció al comité de la revista V de Vian y, tal vez por eso, la aparición de sus ficciones se dio de manera un tanto tardía respecto a la de sus contemporáneos. Aquí la charla que mantuvimos en su última visita a Córdoba.
- Primero quería preguntarte cómo manejás la relación entre literatura y periodismo desde tu práctica, tu posición como crítico, si te considerás crítico y si ese discurso crítico contamina tu ficción.
- Vamos con la primera... Te podría dar dos respuestas en paralelo: una desde la experiencia, biográfica; otra sería lo que pienso sobre la relación entre periodismo y literatura.
Mi relación con la literatura es previa al periodismo, la remonto al leer y hasta el escribir en la adolescencia. El periodismo se dio después, incluso, de algunos trabajos azarosos. Mi relación con la literatura es más vocacional. No quiero hacer una especie de discurso antiperiodístico furibundo, pero siempre se me dio más como un momento de mi vida para ir zafando de otros laburos, el periodismo fue una opción: aplicar lo que sabía escribir, una salida laboral. De hecho, hoy vivo del periodismo. No hago del periodismo un arte, me gusta ejercerlo, pero es un trabajo. Esa sería la respuesta autobiográfica.
Después está el tema del discurso social. Hay una historia de la relación entre periodismo y literatura que en Argentina es muy fuerte. No hay que olvidarse que la literatura empieza a profesionalizarse acá por el periodismo. Aparece la figura del escritor profesional totalmente ligada al periodismo, como el caso de Roberto Arlt. Y esto si lo vas siguiendo a lo largo de los sesenta y los setenta, muchos escritores pasan por esta relación. Walsh es un caso típico de desgarramiento: “ qué hago, me dedico a escribir en el periódico de la CGT, por lo tanto me dedico a una tarea que directamente está ligada a la lucha política, o escribo “La Novela”. La típica dicotomía entre periodismo y literatura como dos opciones tajantes. No vivimos esa época, y las opciones hoy no son tan tajantes: hacer una nota para el Página/12 o “la Novela”, por otro lado la nota en el Página no implica si soy o no revolucionario. Pero sí está la relación entre periodismo y literatura, donde entra un punto de cruce, pero la relación en esta época es esa: el periodismo es un medio de vida y la literatura no, salvo para muy pocos escritores. Entonces es lógico que se den como dos caminos paralelos. Después está el tercer nivel que es la relación entre los discursos, es decir: si hago una escritura que es periodística, que contamine la literatura. Ahí hay escritores que salen por el lado estetizante, para romper cualquier relación posible entre literatura y periodismo. Y otra que a mí me interesó mucho, yo leí algo muy interesante de Piglia sobre Walsh, sobre la escritura en el próximo milenio, una propuesta a futuro de qué hacer con la literatura, y tomaba el concepto de legibilidad. Es decir: comunicabilidad, pero no en el sentido de que el lenguaje tiene que ser transparente, el lo oponía a la jerga tecnocrática de los economistas. Que se pueda leer y entender, no a las jergas, no a los lenguajes cerrados. No en el sentido de “el hombre abrió la puerta y exclamó”, no una legibilidad pelotuda, sino una legibilidad política, en función de una política. Ser claro, no hablar en jerga.
- Vos mencionabas Walsh, mencionabas el ser claro en relación a una política casi literaria ¿Cómo articulás tus ficciones con el tema del compromiso? Te hago la pregunta por un par de artículos que publicaron con Olguín en la Historia Crítica de Jitrik, y pensando en que tus novelas son contemporáneas, que transcurren en lo contemporáneo, y con un discurso acerca de lo real. ¿Cuál es tu compromiso con la literatura.?
- Mi compromiso con la literatura es sentarme a escribir. Walsh clausuró el tema de compromiso. Está muy bien en el libro que contiene los diarios de Cuba, ahí está planteada la clausura del compromiso, que en términos extremos sería “hago la revolución o hago la novela burguesa”. Yo creo que después de ese Walsh el tema está clausurado. No creo que tenga vigencia el debate, fue clausurado por lo menos en el ámbito argentino y latinoamericano. Creo que hay debates que tienen una fecha de vencimiento, lo cual implica que desapareció. Ahora me parece que estamos en un contexto literario totalmente distinto. Yo no creo en eso de “yo me comprometo con la literatura y nada más”, me parece una pavada, me parece una coartada. Por supuesto que me comprometo con la literatura, yo escribo bajo determinadas coordenadas.
- ¿Son explícitas esas coordenadas, o salen por sí mismas?
- Yo creo que salen y salen de cierta formación literaria. O sea que aunque vos no quieras va más o menos para ese lado. Pero como algo que no te abarca todo lo que vivís sino una parte, no todo pasa por una problemática social, hay muchas cosas que no tienen que ver con eso. Yo, como otros que estamos en los noventa, creo que el tema del compromiso terminó, y hay un elemento que se terminó que es el parricidio, con respecto a los sesenta. Hay un último parricidio en los ochenta, con Cortázar, del cual no participo. Yo creo que la costumbre por la cual una generación se tenga que imponer vía parricidio está acabada.
- Hay un cuento tuyo, Muchacho skinhead , que dialoga con la Muchacha Punk de Fogwill. ¿No es eso un parricidio a Fowgill? ¿Fogwill es un padre amateur para vos u otras generaciones?
- Lo que pasa es que yo a Fogwill lo veo más como un tío que como un padre. Me parece que el cuento está más entretejido con Fogwill que con el parricidio. No es un gesto de parricidio, a lo sumo alguna parodia. Ahora, con Aira, yo prefiero pasarle al lado, me deja más frío, no tengo la necesidad de..., no me apela como para...
- ¿Y con Aira cuál es la relación?- Yo creo que hay toda una caterva de escritores y críticos fascinados con Aira. Ahí me parece que está un poco la clave de la discusión, me parece que la actitud que hay hacia Aira es totalmente inclusiva, no tiene nada que ver con el parricidio. Hay gente de mi edad, entre los veinte y los treinta que está empezando a escribir ahora y que se pelean con Aira, o luchan por prenderse a él, otros tienen la intención clara de matarlo después de haberlo leído. Hagan lo que quieran. Yo me niego a que Aira sea el eje de la discusión de la literatura argentina. Me parece un disparate mayúsculo.
- ¿Por dónde pasa, entonces, la discusión sobre la literatura argentina?
- Por muchos lugares. Yo soy bastante más amplio. Primero que no se agota en la literatura argentina. Yo me reconozco y trabajo un poco con la mirada puesta ahí, pero se puede ampliar mucho el terreno. En algunos casos pasa por escritores norteamericanos, por escrituras no necesariamente literarias, por el empezar a trabajar con un concepto más amplio, con ensayos, con el documentarse para escribir. Nombre de guerra (primera novela de Zeiger) se interpretó como un libro testimonial. Yo te puedo poner pruebas sobre la mesa de que ahí de testimonial no hay nada, por ahí tenga un efecto de testimonio, pero sólo eso. Yo te puedo nombrar un par de escritores que a mí me interesan: Saer, que elabora algo así como ciclos narrativos que me interesan mucho...
- ¿Ciclos narrativos?
- Sí, ciclos narrativos, novelas que comparten personajes, etc. Pero estoy siendo medio difuso. Yo no te puedo dar una cosa tajante: mi proyecto es tal y tal, mis enemigos son tales y tales y mis ídolos son tales y tales, porque la verdad es que cuando entrás a escribir realmente todo esto que uno tiene más claro como crítico se empieza a desdibujar. Y está bien que así sea, ¿no?. Es la lucha por buscar el lugar propio, cuando tenés más claro qué querés escribir y para dónde querés ir, y bueno a mi no me interesa discutir si Aira o no Aira. Yo escribo. Cuando perdés claridad de panorama es porque estás escribiendo.
- ¿Cómo considerás tu obra dentro del campo de la literatura argentina de los ‘90? ¿Crees que está teñida de un cierta liviandad? ¿Qué es literatura light ?
-Yo publiqué mi primer libro en el ‘99, ayer nomás. Hay un segmento del cual yo participé, pero los libros están como medio desplazados de eso, y se nota. Yo estoy alrededor de ciertas cuestiones que eran más candentes en mitad de la década o la discusión que se armó alrededor de Biblioteca del Sur, que impulsó un tipo de literatura, los Planeta boys . Yo no fui uno de ellos. Yo ahí no publiqué, porque no tenía un carajo terminado para llevarlo, principalmente. Y eso me desplazó como escritor. Yo creo que hay mucha diversidad como para condenar o alabar de conjunto a la generación. Hay escritores muy distintos o de procedencias muy distintas. Gamberro, Kohan. Vos decías lo de la liviandad...
- Lo decía por lo de la década menemista...
- Yo creo que la literatura que se produjo en esos años no tiene un pepino que ver con los valores menemistas. Yo creo que la relación con eso eran los libros periodísticos, como El Jefe . Yo creo que debe haber novelas del menemismo dando vueltas. Que todavía no aparecieron. La de los noventa es la década del desembarco de las grandes editoriales españolas, lo que es un avance inevitable del capitalismo y nada más. Poner el grito en el cielo... Lo decía Piglia, no lo digo yo: “Todos van a terminar embocados en alguna u otra editorial” Era Planeta o Sudamericana . Yo fui a parar a Planeta , otro a Sudamericana , otro a Norma y ¿qué quedó? Emecé , que también es Planeta . Yo no tengo que modificar una coma de mi texto por publicar en Planeta . Todo lo que sea literatura está muy por debajo de la línea de lo que pueda ser influyente. Esa relación se dio con el libro periodístico, donde cierto periodismo criticó al poder, pero al mismo tiempo estaba en una relación muy sinuosa, porque vos para escribir sobre Menem tenés que estar en contacto con Menem. O con el tema que sea. Ahí es donde se dan las relaciones sinuosas... En literatura es más lento el proceso y no tienen el rebote social que tiene la televisión. Esto te permite laburar con cierta libertad.
La liviandad me parece que pasa más por una estética, que en cierto modo está en vigencia, y de la cual Aira sería parte: no a la profundidad, no a la seriedad, que es una estética. Yo mucho no me uno con eso pero por otro lado me parece bien que exista. Creo que la marca de la época es la diversidad.
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