NO SÓLO DE ARENA ESTÁ HECHO EL DESIERTO Entrevista
con Ezequiel Acuña, director de Nadar
solo Por Eloísa
Oliva (con inestimable colaboración de Luciano
Lamberti) El Río de la Plata: ese horizonte
plomizo que es a su vez una frontera. Pretencioso río
desdibujado en el mar, mansedumbre que anida la furia
del océano. Un tránsito: de Argentina
-de Buenos Aires- al infinito, de una extensión
–la pampa- hacia otra.
Como ese río luego mar del que se apropia y al
cual refleja, Nadar
solo es una historia de pasajes, de cosas apenas
apuntadas sobre los bordes de otras cosas. De un tiempo
conflictivo donde los personajes, en medio de la agitación
interior, optan por la mudez, por el recato expresivo
para dar cauce a su angustia.
Esta es una entrevista con Ezequiel Acuña –
su director-, un personaje que aparece tan singular
y melancólico como los por él ideados
para su ficción.
La película, su ópera prima, se exhibió
en la competencia oficial del BAFICI V (Buenos Aires
Festival Internacional de Cine Independiente), y obtuvo
la Mención Signis
del jurado. En Córdoba, la película pudo
verse en el envío que realizó este festival
al Cineclub Municipal “Hugo del Carril“.
De ahora en adelante su ruta es larga: Venecia, quizás
Locarno, quizás Tesalónica...
Cuando realicé esta entrevista, una tarde de
domingo llena de nubes y de frío, Acuña
me dijo que Nadar
solo se estrenaba en Buenos Aires la semana siguiente.
Después, por la prensa, me enteré que
la llegada de Matrix
recargado la retrasó dos semanas, y que,
cuando finalmente consiguió las salas para el
estreno comercial, el INCAA, el negligente INCAA, empapeló
Buenos Aires por todo un día con los afiches
de Sabés nadar,
la película de Diego Kaplan.
La entrevista
-Contame cómo
surgió la película.
-Surgió de bocetos, anotando experiencias propias,
ideas personales, que no tenían un hilo conductor.
Con todo eso armé un guión, que no tenía
demasiada estructura: había dos historias en
dos generaciones, una era la de Martín (el protagonista,
de 17 años) y otra la del hermano (varios años
mayor que él), que en un principio aparecía
visualmente. Entre los dos había una relación,
y también aparecía Mar del Plata en ese
primer guión. Había muchas cosas en común
con el actual, pero estaba partido al medio: tenía
cincuenta hojas de una historia y cincuenta de la otra.
Y se terminaban encontrando (Martín y el hermano).
Y a mí me interesaba retratar algo relacionado
a los diecisiete, dieciocho años, por eso me
interesaba más la historia de Martín,
por cómo contarla, el punto de vista y dónde
focalizar la tensión.
Entonces me junté con Alberto Rojas Apel, que
es actor, guionista y escribe obras de teatro, y que
había actuado en mis tres cortos. Él tiene
un tipo de actuación muy a lo Nicolás
(Mateo, el actor que encarna a Martín, protagonista
dela película), bastante lánguido para
hablar, pero es más grande. Le pasé el
guión para que me dé una opinión.
Y me dijo que no le encontraba forma, pero que lo entendía
y que podía ser interesante si lo laburaba. Y
empezamos de cero, manteniendo lo que yo más
quería de aquel primero, y se fue armando a partir
de una premisa que era un personaje que buscaba al hermano
a partir de un llamado. Eso era el esqueleto de la película,
y por debajo había que hacer pasar todo lo otro,
lo que yo había escrito, esa idea de situaciones,
idea de estados de ánimo, más introspectiva
respecto a los personajes. Todo ese tipo de cosas eran
lo que a mí más me interesaba, me servía
de base que estuviera lo de la búsqueda, y explícita
e implícitamente, al final te das cuenta que
la búsqueda del hermano pasa por otro lado, el
hermano es una prolongación de lo que es él
y una prolongación de lo que va a ser la hermana,
y me interesaba más lo que pasaba por debajo
del argumento.
La película se escribió en el año
2000, y en mayo del 2001 se empezó a filmar,
lo hacíamos durante los fines de semana, y después
por la devaluación se paró cinco o seis
meses con todo el material ya filmado, sin revelarse.
Y justo para la época del festival de Buenos
Aires del 2002 me puse a hacer un armado en video. Ese
fue el primer corte, que tenía seis minutos más
que ahora. Después la editamos en quince o veinte
días. Yo ya tenía más o menos veinte
minutos editados de escenas separadas, como una secuencia.
Pero la película estuvo terminada en el 2002
y ahí se buscó a una productora, se empezó
a mandar copias...
-La productora de
Daniel Burman...
-La de Daniel Burman, BD
Cine (Burman – Ducobsky), fue la que la
agarró. Pero la mandé a muchas, también
a productoras de España, a algunos festivales
y fundaciones, pero no pasaba nada. Hasta que en el
2003, los primeros días de enero, me iba de vacaciones
a Mendoza y me llamó Diego Ducobsky diciendomé
que querían involucrarse con la película.
Y ahí empezó todo un recorrido: fue elegida
para el festival de Buenos Aires, para el de Mar del
Plata...
-¿Porqué
no estuviste en Mar del Plata?
-Porque no se podía estar en los dos festivales.
En realidad, podía estar en Mar del Plata pero
después no podía ir al Festival de Venecia
y otros, y el interés era que la película
se vendiera afuera. Y a mí desde un principio
me interesaba más Buenos Aires, a la productora
también, y de pronto estaba la posibilidad de
ir a otros festivales más importantes.
-¿Cómo
ves a tus personajes? Porque la película te deja
ver una puntita, pero pareciera que tienen toda una
interioridad detrás... ¿Cómo
los encaraste para hacer una película tan lacónica?
-La idea de los personajes es que sean nostálgicos,
melancólicos, introvertidos, que tengan cierta
inocencia, cierta ternura... Eso me parecía lo
más importante. Una prioridad era que no se rieran
nunca...
-¿Porqué?
-Porque como la película tiene algo medio absurdo,
la risa lo podía arruinar. Y era también
un estilo el que los personajes tengan esa duda interior,
marcada en las caras, en las expresiones. Me parece
que transmitir una emoción a través de
la risa era darle algo a la película que no iba.
A estos personajes les cuesta muchísimo comunicarse
y cuando quieren decir una cosa el otro ya está
diciendo otra y son como dos pasos para atrás,
no se animan a decir o dicen algo con otras palabras
o hablando de otra cosa. Pasaba por ese lado, no me
interesaba que se rieran. Estaban viviendo un momento
angustiante, de incertidumbre, y la mejor manera era
ponerlos así, bastante lacónicos.
-Me parece que los
personajes femeninos están un tanto indefinidos,
¿por qué elegís mostrarlos así?
-No sé si indefinidos... son pocos. Está
la hermana, Antonella (Costa, que hace el papel de Luciana),
la madre, la ex novia del hermano, y la novia del amigo.
Son todas muy lindas, tienen esa belleza fría...
Puede tener que ver con que en el momento en que hice
la película yo conocía mucho mejor a los
hombres que las mujeres. Es como lo de la búsqueda
de un hermano. Yo no tengo hermanos, y me parecía
interesante mi mirada sobre eso, sobre la ausencia de
un referente que me marcara qué hacer o qué
escuchar, o que me protegiera en ciertas cosas donde
por ahí yo tenía que acudir a mi vieja...
Y eso, en la relación de Martín con la
madre es como que todavía hay algo, un intento
de acercamiento, que no se da con el padre.
Pero no creo que estén poco desarrollados. Son
producto de una visión más tímida
de las mujeres que tenía yo en ese momento. Después
de la película me puse fuertemente de novio con
una chica que laburó ahí y se me vino
otro mundo a la cabeza... Por ahí los personajes
femeninos tienen algo varonil, como Antonella, que hasta
resulta más parca que Nicolás. Son personajes
bastante fuertes que no se comen ninguna. Creo que tiene
que ver con eso, con mi visión después
de haber ido a un colegio sólo de hombres, de
haber tenido poca experiencia con las mujeres... Por
eso no hay un protagónico femenino o recién
aparece una chica casi al final y cambia un poco lo
que viene siendo la película. Pero lo cambia
con el tono de la película, no es que aparece
alguien que es como una luz o un sol o es miss
alegría... Me parece que es tan opaca
como el personaje de Martín, tiene tanta incertidumbre
como él.
-Sí, incluso
en el tema de la búsqueda: él viene buscando
al hermano, supuestamente, y de pronto la encuentra
a esta chica y abandona esa idea de buscarlo...
-Sí, creo que la búsqueda de alguna manera
lo va cansando, se va dando cuenta que al hermano casi
ni le quedan amigos. Ni el amigo de Mar del Plata (hermano
de Luciana, protagonizado por Alberto Rojas Apel) sabe
ya donde está. Podría estar en Montevideo
hoy y mañana en cualquier otra parte. Yo me lo
imaginaba como el tipo de París
Texas (Wim Wenders) que desaparece veinte años
y un día aparece caminando y el hermano le dice
¿dónde estuviste estos diez años?
y el tipo no le dice nada... Como bastante nómade
y cambiante.
-¿Pero vos
te imaginaste como que la búsqueda era particularmente
la del hermano o había una búsqueda interior
distinta?
-No, la búsqueda era interior. Martín
necesita hacer algo dentro de su pasividad que es el
colegio, la música, el futuro, la familia y todo
ese retrato generacional de cambiar un poco de aire.
En los lugares donde está no está bien:
la banda no va para ningún lado, del colegio
se ratea, sólo o con el amigo, o lo echan. Cuando
se ratea va al río a mirar el agua y extraña
un lugar, al que anhela, que es Mar del Plata -de eso
te das cuenta después cuando empieza a hablar
de los recuerdos y las cosas que le genera esa ciudad-...
Con la hermanita tampoco tiene demasiado afecto... Necesita
hacer algo completamente distinto a lo que viene haciendo,
a su monotonía. Y dentro de lo lánguido
que es el personaje empieza la búsqueda, pregunta,
quiere que alguien le de certezas y nadie se las da.
Y creo que lo que le va dejando el hermano son conexiones...
como la remera de Morrisey.
-¿Porqué
tanta presencia de la música en la película?
-Y, por un lado está la música incidental,
que es el piano. Eso aparece más por lo de Mar
del Plata, es piano porque se trataba de que tuviese
esa cosa más romántica y melancólica.
Y después la música aparece con lo de
Jaime sin tierra ...
-O con que él
se reapropia de una remera de Morrisey que era del hermano...
-Sí, totalmente. También aparece una foto
de Thom Yorke. Creo que tiene que ver con una cuestión
de gustos míos, y sin haberlo pensado, me parece
que todos tienen un tono parecido: Morrisey
es la melancolía, Radiohead
y Jaime sin Tierra también. Además
está el hecho de que yo haya tenido una banda
y haya recorrido alguna sala de ensayo... Ese lugar
donde se filmó es donde funcionaba el estudio
de Jaime...,
y yo fui mil veces ahí; visitar esa sala era
algo que estaba bueno... Están todos los pibitos
de zona norte, viniendo con sus guitarras, sus bajos,
y el pantalón gris del colegio...Y era esa mirada,
de chico que va al secundario y tiene una banda y cuando
termina el colegio la deja -eso pasa mucho en Buenos
Aires, no hay seriedad, compromiso de apostar a algo
seguro, aunque lo que hagan suene bien-. Y la película
tiene esa esencia, de ir a recitales, pasar por lugares
y calles y colegios, quedarse así todo el día...
Yo salía los jueves a ver bandas y era cosa obligada,
como la comida de los martes que tienen algunos amigos.
Nos encontrábamos a las diez, parábamos
en la casa de alguien, nos quedábamos un rato
charlando en la esquina o en una puerta de calle, en
una de esas había un auto y dábamos vueltas.
Antes en Buenos Aires los jueves no eran días
de salir a bailar... Después, cuando volvías,
estaba todo apagado...
- ¿Y la recurrencia
del agua?
-Es raro lo del agua, tiene que ver con varias cosas.
Con ese lugar del río (que se muestra al final
de la película)...El hecho de pasar tiempo ahí
significa algo importante para mí...
-Vos vas...
-A zona norte, sí. Porque está cerca de
la sala de ensayo. Y voy bastante a San Isidro. A ese
lugar lo descubrí por un amigo, cuando baja el
agua se hace una playa gigante... Cuando hay mucha sudestada
casi no queda playa. Y en verano se forma un pequeño
balneario... Y como Capital no tiene mar, también
estaba la idea de Mar del Plata, que es un lugar que
a mí me dice mucho, que me representa mucho.
En invierno es un lugar de antología para las
cosas que me gustan hacer: escribir o ver cosas.
Y lo de la pileta está porque yo tenía
asma cuando era chico y en algún momento me imaginé
un pez saliendo del agua, si lo sacás de ahí
le empieza a faltar el aire, y eso es lo más
parecido a tener asma. Y como te decían que vayas
a nadar “porque te va a servir para el asma”...
Después tuve un problema y no podía ir
a ninguna pileta. Entonces ir a la pileta era algo que
me gustaba y nunca pude hacer, salvo ir a la de algún
amigo. Pero no era lo mismo...
Y después la idea de estar abajo del agua me
parece una idea de mucha tranquilidad, de mucha paz.
Cuando aparece (al comienzo de la película, Martín
en una pileta de natación) está filmado
en cámara lenta. Al principio te movés
con cierta lentitud y es un lugar bastante solitario,
ideal para hablar con alguien pero no lo podés
hacer. Me parece otro mundo. Me parece que cuando te
estás bañando y te ponés bajo el
agua estás en otra frecuencia, es otro sonido...
El otro día en el avión tenía un
zumbido y escuchaba las voces muy de lejos, como cuando
estás en una pileta...Es otro entorno, otra atmósfera.
Mucha gente lo relacionó con el tema de la maternidad
y el nacimiento...
-Es como una relación
afectiva entonces la que tenés con el agua...
-Si, fue afectiva. No fue pensado por el lado del “seno
materno” y todo eso. Puede estar de forma involuntaria,
pero no es pensado... Es más que todo como un
lugar de protección.
-En tu película
hay cierta obsesión con algunos objetos y gags,
¿qué rol te parece que juegan?, es como
si quisieran dar una idea de continuidad, de avance
...
-Es más una idea de circularidad. Lo de la mermelada
o lo de las calles son coincidencias que repitiéndose
arman una idea, dan un sentido. Y lo de las frambuesas
cobra sentido con lo de Antonella, al igual que la calle,
o el chiste del lavarropas en la decepción con
el personaje de Tomás Fonzi.
-Y lo del grupo social
¿por qué elegís contar desde ahí?
Es muy fuerte la noción de una clase, minoritaria...
¿existe hoy en Argentina esa adolescencia?
-Esa adolescencia es el hoy. Donde filmé, la
sala de ensayo, vienen todos pibes de colegios privados
con una remera de Nirvana,
un cigarrillo, el pantalón gris y una guitarra..
Esa clase social creo que nunca había estado
representada tan directamente. Igual es parte de un
contexto, no hay juicios de valor, no hay bajadas de
líneas, no hay diferencias de clases. Es un poco
mi vida, no la clase, sino el lugar que me tocó.
Fabio decía que él filma de lo que sabe
o de lo que conoce, y yo conozco ese mundo.
-Fuera de tu película,
¿estás involucrado con lo que se hace
hoy en Argentina, con la gente que hace cine?
-En el festival conocí a los directores...
-Pero no trabajás...
-No, no trabajé nunca.
-¿No te interesa?
-Por el momento no. Me interesa más aprender
de algunas personas, escuchar algunas cosas, seguir
viendo mucho cine. Soy muy maniático de las cosas
que aprendí o que estudié. Tuve materias
como Historia del arte o Dirección de arte donde
hacíamos trabajos buscando vestuario, por ejemplo,
en alguna película x... Y para Nadar
solo, nos juntábamos con Marcelo, el que
hizo la música incidental, y escuchábamos
desde Bill Evans hasta la música de las películas
de Kitano, o Piano,
de Daniel Melero, que tiene algún toque romántico.
A la directora de arte le mostré, por ejemplo,
una escena de La Historia
Oficial y le decía: “quiero que
el uniforme sea ese: pantalón gris, corbata azul”.
Con el director de fotografía y con las actuaciones
lo mismo... Se buscaron referencias en torno a cada
parte y elemento de la película.
- Vos nombraste a
Melody, de Alan Parker, a Kitano, como referencias...
-Melody me
parece importante en algún sentido porque habla
de la niñez. Pero hay miles de películas...
Escenas frente al
mar de Kitano la veo en algún punto como
una película perfecta. O Los Cuatrocientos
Golpes (Francois Truffaut)... Y mucho cine francés...
Incluso buscábamos referencias en cosas que no
tienen que ver estética o narrativamente con
la película. Las buscábamos por cómo
solucionar una escena.
-A veces te identifican
con la línea de Martín Rejtman, ¿te
gusta su cine, podrías decir que es una influencia?
-Me gusta Rapado.
Él escribe muy bien, es un referente más
que una influencia. Me parece que Rapado
es una película distinta, tiene otro tipo de
actuación , otra puesta, otros encuadres, otras
caras. Son muy diferentes con mi película. Igual
él dio un gran primer paso. Creo que Nadar
solo, es más emotiva, menos robótica
y más romántica.
-¿ Y de los
directores argentinos actuales quiénes te gustan?
-Hay películas que me gustan, más que
directores. Se habla mucho del nuevo
cine argentino, pero me parece que no sé,
yo hice una sola película recién... De
obra podés hablar de Woody Allen, o de Chabrol,
de tener siete u ocho películas, por lo menos,
y estar encaminado a seguir filmando. El nuevo
cine... son todavía primeras películas,
y tampoco hacer películas malas es un pecado.
Me gusta Caja Negra,
me gustó mucho La
Ciénaga, igual a todas les encuentro algo...El
Bonaerense me gustó.
-¿ Y Un Oso
Rojo?
-No, me decepcionó muchísimo. Está
como lavada. Argumentalmente está cerrada y tiene
pequeñas referencias a las películas de
Clint Eastwood, como la escena del auto, también
a Kitano, o el homenaje al western.
Pero pesa demasiado lo que es el autor en Caetano, con
Bolivia, Pizza Birra
y Faso, y me parece que en Un Oso
Rojo se pierde. Eso es algo que en El
Bonaerense no pasa, termina siendo muy de autor
y se diferencia mucho de Mundo
Grúa, estética y actoralmente,
Eso me parece un gran logro. Además, Un
Oso Rojo está muy construida alrededor
de (Julio) Chávez.
- Volviendo a tu
película, ¿en qué formato la hiciste?
-Super 16mm. Pero se usó una cámara de
16mm adaptada. Con ese formato había que agregar
un pedazo: calculabas el encuadre a ojo y tenías
una parte que quedaba fuera, era como practicar guitarra
con una escoba... Se filmó con muy pocas luces,
seis kilos, que para tomas de noche o planos muy grandes
es poco. Son cosas que después inciden para ampliarla,
pero ya las tenía claras.
-¿Y la habías
presentado en algún concurso?
-Sí, para Ópera
Prima (INCAA). En ese concurso está el
subsidio y el crédito. Para el crédito
hay que poner muchos avales detrás, yo no estaba
capacitado para poner un departamento como garantía
o algo así, era muy chico para meterme en eso.
Así que se presentó sólo para el
subsidio, que en ese momento era de 300 mil pesos, y
después se mandó a Fundación
Antorchas, a la Fundación Huber
Bals, que ahora está un poco de moda...
Pero eso está todo arreglado, es una mentira
ese lugar...
-¿Por qué
lo decís?
-El otro día lo hablaba con la gente de la productora,
y decía que me va a costar mucho hacer una segunda
película. Ésta la había mandado
tres veces a la Huber
Bals, y a Tolouse y San Sebastián, y a
nadie le interesó. El año pasado era el
número quinientos, y ahora si pasa por Venecia
va a ser el número treinta...
-Como un snobismo...
-Es una cuestión de influencias, igual tiene
que estar más o menos bien y tener algo interesante
para ganar. Pero hay diferencias abismales.
-¿Por qué
decís que te va a costar hacer una segunda película?
-Porque ahora hay una ley nueva del Instituto (INCAA)
que primero se califican los guiones. Yo creo que a
mi guión le hubiesen puesto sin
interés (equivale a no recibir ninguna
suma). Con Nadar solo entré con la ley vieja,
mediante la que ya tenías los subsidios asegurados,
y entonces la productora se asegura que a la película
no la van a clasificar nunca sin
interés. Podían ponerle interés
simple o interés especial, lo que equivale
la mitad del presupuesto de la película y la
productora recuperaba con eso parte de la inversión.
Después la vendían a tres o cuatro países
y ya había una ganancia. Ahora hay que escribir
un guión al que tienen que calificar con
interés, que tiene que ver también
con cómo sale esta película, y cómo
van los espectadores. No sé si les interesa otra
película mía. Es como empezar otra vez
de cero. Por ahí te queda lo de los festivales,
esa influencia. Pero, ¿cuánto pasó
Lucrecia Martel entre La
Ciénaga hasta lo que está haciendo
ahora?, ¿o Caetano entre Pizza
Birra y Faso y Un oso rojo? Hay mucho tiempo
de por medio, y en ese tiempo está la manera
de conseguir mejores medios para filmar. Esto es como
una cola para buscar laburo.
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