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Por Federico Falco
Llega contenta porque
consiguió los libros de criminología que la
nuera le había encargado, y que eran difíciles
de encontrar. Lilia Lardone es escritora, de esas de verdad.
Durante muchos años se desempeñó en el
área de cultura municipal y estuvo ligada, desde siempre,
a las Ferias del Libro cordobesas. Es activa, y movediza,
rápida con la lengua e implacable con las faltas de
ortografía. Fue una de las pioneras en la coordinación
de Talleres Literarios en nuestra ciudad, y justamente, en
su taller fue que yo la conocí. Además de la
admiración que le profeso, nos une un origen mas o
menos cercano: somos de la misma zona: la pampa gringa cordobesa.
Cómo hace tiempo que no nos sentamos a charlar, n o
hace falta que le pregunte “¿En qué andás,
Lilia?” para que empiece a contarme los mil proyectos
en los que se encuentra embarcada. Está escribiendo,
con María Teresa Andruetto, un libro sobre la coordinación
de Talleres de Escritura que va a tratar de reflejar “cómo
hay que trabajar a la palabra para convertir la prosa o la
poesía en un texto depurado” Eso requiere de
muchísimo tiempo de pulido –me dice- y todos
tienen que saber que a ningún buen escritor le sale
de golpe. ¿cómo aprender eso? Eso se va aprendiendo
y el taller es un lugar bastante adecuado para aprender esos
recursos.
Es interesante porque ustedes fueron un poco como pioneras
de los talleres en Córdoba, ¿no?
Sí, había gente que empezó antes, pero
no siguió. En cambio nosotras hemos seguido. Y ahora
hay muchísimos talleres, es impresionante. Pero yo
no sé si en todos hay un cierto rigor, porque en todos
se trabaja mucho sobre él “hay que bonito eso
que escribiste”. La concesión. Se escribe y todo
vale y yo creo que no todo vale. Yo creo que hay que hacer
el esfuerzo de ir mejorando, ir sintetizando, ir consiguiendo
efectos.
Pero Lilia, además de coordinar talleres, tiene una
profusa producción literaria que comenzó con
“No escupas para arriba” un libro que recopilaba
coplas cordobesas, “El cabeza Colorada” otra recopilación,
pero, esta vez, de cuentos cordobeses y las novelas “Puertas
Adentro” y “Caballero Negro”.
En estos momentos está por aparecer un nuevo libro
de cuentos, “Papiros”, dos de poesía y
le está dando el toque final a otra serie de cuentos
que, tentativamente, se llamaría “La oscuridad
del amor”. ” “Papiros” está
ambientado en el antiguo Egipto”, me cuenta. “Empezó
el verano pasado, con ese verano tan terrible de calor y yo,
que no me había ido de vacaciones, en mi casa tenía
mucho calor, entonces me pasaba todo el tiempo afuera, debajo
de un árbol, metida en una pelopincho, leyendo. Y no
sé por qué un día empecé a hojear
una Historia de las Civilizaciones. Debe haber sido la asociación
tan fuerte con el calor y el Nilo como fuente de frescura
y el calor agobiante y la falta de lluvias. Y seguí
con otro libro, y empecé a buscar libros de ficción
sobre el tema. Y cuando llegó el frío y yo me
metí adentro, porque hasta ese momento entraba en la
computadora sólo un ratito para contestar mails, nada
más –no escribí ni una letra, ese verano-
el libro estaba ya prácticamente todo armado en mi
cabeza. Y empecé a largar cuentos.
¿Cuentos que están unidos por un espacio geográfico?
Sí, están todos desarrollados en Egipto pero
no en una época. No tienen nada que ver con datos sobre
faraones, etc. El tema es la caída de un imperio y
el marco aglutinante es un faraón que llama a sus hijos
porque el imperio está desapareciendo. Y él
quiere tener algo para salvarlo, encontrar en la memoria del
pueblo algo que los ayude en ese momento tan terrible. Entonces
manda a los hijos a buscar historias, que consulten papiros,
que consulten escribas, que busquen, que hablen con la gente.
Tanto tiempo después se reúnen y cada uno relata
lo que ha encontrado. Y todos son relatos referidos a la ambición,
a la codicia, al poder, a los exilios interiores y exteriores...
Digamos que fue como una premonición del país.
Y bueno, lo terminé y he tenido la suerte que me lo
aceptaran en Editorial Norma. Va a salir en una colección
que se llama “Zona Libre”, a la que le han sacado
ya el subtítulo de “literatura juvenil”,
por suerte.
¿Pero vos lo pensaste como literatura juvenil?
“No, yo nunca los pienso mucho. Yo escribo lo que me
sale y después si veo que el tema va para chicos, con
mucho trabajo y esfuerzo, los reviso de forma tal que no se
compliquen demasiado las subordinadas y esas cosas y trato
de alivianarlos, no simplificarlos, sino alivianarlos.”
Hace mucho tiempo que Lilia está trabajando los libros
de poesía que ahora se ha decidido a publicar. Hace
cinco años, cuando yo la conocí, ya le había
escuchado hablar –aunque escatimando datos- de uno de
esos proyectos. “Todo el mundo que escribe narrativa
como su primera opción le tiene mucho respeto a la
poesía” me cuenta. “Son dos libros muy
distintos, uno se llama “Diario del Río”
y el otro “Pequeña Ofelia”. Uno son pequeñas
escenitas, como estampas, de mis caminatas diarias, por la
costanera del Suquía y el otro, lo escribí poco
después de que había muerto mi madre y me costó
muchísimo poder mostrarlo y ser objetiva para corregirlo”
Me río, y me asombro, cuando me confiesa que tiene
otro libro de cuentos “en chapa y pintura” “Todavía
tengo que reformular, reescribir, dar vuelta algunos cuentos,
me dice, porque no me terminan de convencer. Algunos los escribí
hace ya bastante y después agarré otra tónica...
Y bueno, se llamaría “La oscuridad del amor”
y son cuentos de relaciones difíciles. Todas bastantes
duras. Indaga en lo que es el amor, como uno no lo entiende,
por donde van las cosas.
Siempre me impresionó de tus textos, le digo, seguramente
porque venimos de lugares muy parecidos, ese encontrarse con
el olor de lo familiar. Eso tan piamontés de las familias
cerradas, las personas que nunca hablan...
Tan piamontés, tan piamontés..., me contesta,
coincidiendo. “Por eso en “Puertas Adentro”
nadie habla. Si es probable que nos haya marcado mucho eso
y, además, la vida del pueblo, que es como uno recibe
la mirada de los otros. En este libro, “La oscuridad
del amor” es la mirada de los otros hacia uno y de uno
hacia los otros. Miradas verdaderas, no la mirada de desidia,
miradas con maldad, ¿no? Siempre es esa sensación
en el pueblo: de que a uno lo espían. Bueno, acá
yo espío a ciertas personas, pero trato de mostrarlo...
y es lo más difícil. Uno puede tener una idea
originalísima, que no son éstas,... pero a mí
me gustan mucho más los cuentos de los autores que
hacen un cuento con nada. Por ejemplo Clarice Lispector, hay
un cuento de ella que se llama “el búfalo”
y es una mujer que va al zoológico y va mirando los
distintos animales y va pensando sobre los distintos animales.
Pero no es sobre los animales, está pensando sobre
el dolor que tiene adentro y uno mas o menos va enterándose,
poco te diré, porque no hay necesidad, pero lo que
sí hace es meterse adentro de ese personaje. Es como
si uno estuviera detrás de la órbita de los
ojos y viera con la mirada de ella todas las cosas. Bueno,
para conseguir eso de contar su alma y lograr el interés
del lector hay que despojar mucho la escritura. Hay que martillar,
martillar y martillar y trabajar la frase y darla vuelta,
y encontrar el modo de que lo diga el personaje y no ponerse
de parte de sino... mostrar el personaje como és. Y
eso es difícil.
La Lispector dice “que no se tapen con palabras las
entrelineas” y a mí me parece fantástico
eso. Hay que confiar en el lector, el lector es el que tiene
que terminar el texto. El que escribe le da elementos, pero
eso tendría que ser una cosa complementaria... hay
que llamarlo constantemente... Hay que ir a los sentimientos,
a las sensaciones...
Es la estética del texto, el texto pasa a ser como
una vivencia.. ¿no? La anécdota es la lectura
Exacto... El otro día estuvo un tipo fantástico,
Sanchís Sinisterra, y él decía que había
conseguido borrarse, como autor, de pensar el texto, hacia
donde iba el texto. Porque sino le parecía que estaba
haciendo trampa al lector. Si él, como autor, escondía
ciertas cosas y se las mostraba cuando quería, le estaba
haciendo trampa al lector.
La charla va tomando, entonces otras direcciones, y ya sobre
el final le pregunto qué pasa con escribir desde Córdoba.
Es difícil, me contesta Lilia. “Se hizo un poco
más fácil publicar con la creación del
Fondo Estímulo. Pero ahora, esta pésima administración,
así como rompió toda la ciudad, rompió
eso también. Porque gracias al Fondo Estímulo
nacieron montones de editoriales y buenas editoriales. Pero
esas editoriales yo no sé cómo van a hacer para
mantenerse ahora, sin el fondo estímulo. Porque el
Fondo no era un subsidio, les aseguraba una compra de ejemplares,
una base, y con eso se pagaba un costo mínimo. Y esos
libros que la municipalidad compraba, después los repartía
en las bibliotecas, en las escuelas, en los centros culturales...
entonces se movía... se generaba un circuito cultural.
¿Y con la crisis, qué cosas cambian?
Yo creo que la gente se aferra muchísimo a los espacios
de resistencia, por ejemplo, los talleres. Leía unas
declaraciones de Abelardo Castillo, el otro día, y
él dice que nunca tanto como en el proceso y ahora
ha visto a la gente interesarse en los talleres de escritura.
En el proceso por el silencio, y en este momento, por la angustia.
Hay como una necesidad de sacar cosas para afuera.
Es que la presión es tan grande, ya que todo es vil,
duro, y difícil, aún para las personas que no
están tan mal económicamente... la gente está
triste.
¿Y la literatura salva algo de eso?
No, yo creo que salva este poder que uno tiene sobre uno mismo,
de reforzarse como persona, como ser humano. Reforzarse en
los valores, en las creencias. No, la literatura no salva,
uno no puede comer un libro, pero sí puede recuperar
la dignidad y estar más armado para enfrentar lo que
hay afuera.
Después seguimos un rato más parloteando, hasta
que comienza a llegar la gente del Taller, entonces nos despedimos
y la dejo con su agua mineral y su pasión por leer
y por compartir esa lectura y esa escritura. Mientras camino
por Vélez Sarsfield, para ir a casa, pienso que ese
va a ser un buen final. “La literatura no salva, pero
sí te permite estar más armado para enfrentar
lo que hay afuera”.
Sí, un buen final.
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06.
El Tiempo
Obra de Iluminados
Por Luciano Lamberti
Entrevista
a Lilia Lardone
Por Federico Falco
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